viernes

domingo

Aprendió a crecer con el tiempo el insensato. Su camino se trazaba con la seguridad de un bandido comprometido con su deber. Estallaban retazos de tela por toda la habitación. Al despertarse de aquel largo letargo, logró ver el tramo de su existencia. Era llamativo, zigzagueante como ningún otro. Sorprendía su mirada incauta observando el suelo al caminar. Un placer mirar su andar, tan seguro, tan audaz. La tierra no obstaculizaba sus intenciones al parecer. Sería lo mismo que tuviera alas, pensaba la muchedumbre asombrada. Él iba, él y nadie más. Todo se detenía con su caminar. Hermoso observarlo ensimismado, contando hojas, recogiendo basura, saludando al tren. Encontraba calles perdidas, olvidadas por los mapas. Su regocijo era enorme al encontrar una sombra rectilínea y al pasar los días se dieron cuenta que tan solo esas cuestiones olvidadas eran capaces de detener su atención.

Pasaron días, meses, años. La gente se fue acostumbrando a su estadía. Ya nadie se sorprendía por sus llantos al matar un insecto o por su sensibilidad hacia actos ínfimos. A pesar de la luz irradiada al principio, las sombras tan codiciadas fueron llenando su existencia. No quedaban más que recuerdos de él. Algunos lo consideraron un mito, una leyenda, incluso alguien escribió un cuento sobre sus viajes. Pero ninguna persona se detenía a observarlo como antes. Fue entonces que decidio partir hacia su destino.

Algunos dicen que lo vieron, caminando por un oscuro pasaje cerca de la terminal. Otros que su piel se había dañado y que su rostro reflejaba la indiferencia hacia su persona. Se llegó a escuchar que después de tantos años de andar decidió sentarse. Se sentó y esperó. Esperó tanto que su cuerpo se volvió polvo. Ya su camino se había vuelto recto, uniforme y no tenía sentido seguir andando. Cuando todo se volvió predecible, infló su pecho, gritó palabras incomprensibles, saludó y desapareció. Desde aquel momento nadie habló más de él, nadie recordó su existencia y paso a formar parte de la historia como esas tantas otras cosas que no llegaron a ser.

miércoles

Puaj
Puaj
PuajPuajPuaj
Puaj
Puaj
Puaj
PuajPuaj
Puaj
Puaj
PuajPuaj
Puaj
PuajPuajPuaj
Puaj
Puaj
Puaj
PuajPuaj
Puaj
PuajPuajPuajPuaj
Puaj
Puaj

PuajPuaj
Puaj
PuajPuajPuaj
Puaj
Puaj

viernes

La digitalización del humano avanza a paso rápido. Sin darnos cuenta, quizá, nos convertimos en seres digitales, realidades virtuales contrapuestas a realidades tangibles. Vivimos en la conexión, una constante contemporánea. Lo que nos rodea nos deja de sorprender, nos habituamos a ciertas rutinas de indiferencia para evadir lo perceptible y nos sumergimos en lo virtual sin ninguna precaución. Artefactos que nos mantienen las veinticuatro horas del día conectados a la realidad virtual. Subimos la información a la red virtual sin preguntarnos el por qué. Nos desapegamos de lo real siempre y cuando no contribuya a la otra realidad imaginaria. Vivimos en un mundo de ideas. Finalmente Platón ganó la guerra. No necesitamos de lo real, más que como soporte de lo virtual. Reuniones con celulares conectados a internet en la que los participantes avisan a otros participantes de otras reuniones que se encuentran en una reunión en la que todos están conectados avisando a otros y así se convierte en un círculo vicioso de conectividad imaginaria. Música pegada a nuestros oídos cada vez que salimos de nuestras casas con el fin de despejar la mente, de llevarnos a otro lugar y de esa manera poder evitar el lugar real en el que nos encontramos. Redes sociales que bombardean de información. Vemos algo real que nos parece bello y lo único que se nos ocurre es fotografiarlo y subirlo a la red para que todos sepan que lo vimos. Leemos ideas de las personas, escribimos ideas, nos llamamos contándonos ideas, mandamos mensajes transmitiendo ideas. Lo real perdió su realidad. Ya no nos contentamos con aislarnos. Todo el tiempo tenemos que estar conectados ya que de otra manera nos perderíamos de la realidad virtual que al fin y al cabo pesa más que cualquier otra.

¡Basta! Desconectemosnos. Disfrutemos de lo real. Prohibamos internet cuando estemos compartiendo tiempo con otras personas. Aceptemos que lo único que tenemos es lo real, lo virtual no existe. No es más que una creación de nuestro cerebro.

Entradas viejas