domingo

Sabado a la noche

Desde el momento en que dijiste: -No pongas tus pies arriba de la mesa- Supe que la noche no se prestaba para mucho. Hablabas de cosas vacias y yo te contestaba con cosas sin importancia.
Ring! Llegó la comida. Entre el silencio pareciera ser que las gargantas hablaban por nosotros. Ese silencio apestoso y desagradable que vos sabés brindar.
Después el auto. Me parece que las charlas vacias a vos te gustan.
La casa. La bebida. La gente. El auto. La quinta. La cancha de tenis. Los amigos. El auto. El club. Las luces. La musica. La gente. La gente. La gente. El auto
Pregunto: ¿A vos te llena todo eso? A mi no.
Cuando te dejé en tu casa y caminé hasta la mia senti libertad y alivio. Capáz halla sido por haberme sacado la careta que tengo que usar para estar cerca tuyo y cerca de tu gente. No me interesa volver a usarla. Chau

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