domingo

Aprendió a crecer con el tiempo el insensato. Su camino se trazaba con la seguridad de un bandido comprometido con su deber. Estallaban retazos de tela por toda la habitación. Al despertarse de aquel largo letargo, logró ver el tramo de su existencia. Era llamativo, zigzagueante como ningún otro. Sorprendía su mirada incauta observando el suelo al caminar. Un placer mirar su andar, tan seguro, tan audaz. La tierra no obstaculizaba sus intenciones al parecer. Sería lo mismo que tuviera alas, pensaba la muchedumbre asombrada. Él iba, él y nadie más. Todo se detenía con su caminar. Hermoso observarlo ensimismado, contando hojas, recogiendo basura, saludando al tren. Encontraba calles perdidas, olvidadas por los mapas. Su regocijo era enorme al encontrar una sombra rectilínea y al pasar los días se dieron cuenta que tan solo esas cuestiones olvidadas eran capaces de detener su atención.

Pasaron días, meses, años. La gente se fue acostumbrando a su estadía. Ya nadie se sorprendía por sus llantos al matar un insecto o por su sensibilidad hacia actos ínfimos. A pesar de la luz irradiada al principio, las sombras tan codiciadas fueron llenando su existencia. No quedaban más que recuerdos de él. Algunos lo consideraron un mito, una leyenda, incluso alguien escribió un cuento sobre sus viajes. Pero ninguna persona se detenía a observarlo como antes. Fue entonces que decidio partir hacia su destino.

Algunos dicen que lo vieron, caminando por un oscuro pasaje cerca de la terminal. Otros que su piel se había dañado y que su rostro reflejaba la indiferencia hacia su persona. Se llegó a escuchar que después de tantos años de andar decidió sentarse. Se sentó y esperó. Esperó tanto que su cuerpo se volvió polvo. Ya su camino se había vuelto recto, uniforme y no tenía sentido seguir andando. Cuando todo se volvió predecible, infló su pecho, gritó palabras incomprensibles, saludó y desapareció. Desde aquel momento nadie habló más de él, nadie recordó su existencia y paso a formar parte de la historia como esas tantas otras cosas que no llegaron a ser.

2 comentarios:

Primavera Fugaz dijo...

Creo que esos son los polvos de los sueños que no son. Un gusto siempre pasar por aca, slaudos p vos :)

Jazmin dijo...

La luz irradiada por una persona es directamente proporcional a la oscuridad habitante en su interior y es justamente eso lo que nos atrae, el misterio, la locura, la adicción en todo sentido de la palabra, nos cautiva. Sos espectacular, me encanta el desliz de tus palabras.

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